Se dice que la mente es prodigiosa, y que con ella puedes imaginar cualquier cosa. Imaginar, de momento, es gratis, y cualquier persona puede hacerlo.

Empatizar ya es otra cosa. Ponerse en la situación de otro ser sintiente para comprender sus pensamientos y sentimientos es más complicado.

Hoy te proponemos un juego en el que debemos imaginar y, para que sea lo más realista posible, también deberemos empatizar. Imagina que tienes dos años, tres tal vez, y que vas paseando por tu ciudad o pueblo con las preocupaciones propias de esa edad, que acostumbran a ser nulas. Imagina que, cuando menos te lo esperas, alguien te secuestra, te duerme, y que cuando te despiertas estás dentro de una cárcel, sin tener una sola explicación del porqué, sin saber dónde está tu familia ni tus amigos. Imagina que, pese a que nadie te da ninguna explicación, te llevan hasta otra cárcel, donde comienzas a pasar horas, y las horas se convierten en días, y los días en meses… y los meses en años. Y, aunque no entiendes el porqué, lo único que puedes hacer es moverte dentro de unos pocos metros cuadrados ante la gente que, a diario, acude a verte. E imagina que, más de cuarenta años después, un día, simplemente, mueres en la más absoluta soledad.

Esta es la triste historia de Flavia, conocida como “la elefanta más triste del mundo”, que murió el día 1 de marzo de este año condenada sin juicio y sin defensa por el zoológico de Córdoba. Flavia llegó allí más de cuatro décadas atrás, y ha pasado más de cuarenta años de su vida sola. El elefante es un animal social, que necesita relacionarse, jugar, compartir. Pero el zoológico decidió dejarla sola, desde que era pequeña, hasta su muerte. Los portavoces de este espacio “lamentaron profundamente” la pérdida de Flavia, e incluso animaron a la gente a compartir fotos de su encarcelamiento en un hashtag creado especialmente para la ocasión.

Pero esta historia no es nueva, pues únicamente hay que cambiar de ciudad para encontrar casos parecidos. Copito de nieve, capturado por unos cazadores y vendido por unos 90€, llegó al zoológico de Barcelona de la mano de Jordi Sabater Pi, que en aquel momento era el conservador del Centro de Experimentación Zoológica de Ikunde. El pobre animal tuvo la mala suerte de ser albino, lo que le hizo único en su especie y, por tanto, el individuo perfecto para ser expuesto para el regocijo de quienes fueron a verle encerrado hasta que murió en 2004. El zoológico de Barcelona, que en estos momentos debate su continuidad o, al menos, su modelo, posee ADN de Copito, y son miles las personas que han enviado escritos al parque pidiendo que clonen al gorila albino.

En Madrid encontramos la historia de Chu-Lin. Fue un oso panda que ya nació en cautividad y nunca conocería la vida en libertad. Fue hijo de una osa que los reyes Juan Carlos I y Sofía trajeron como souvenir de la primera visita oficial de la Casa Real española a la República Popular China. Con un comportamiento similar al zoológico de Barcelona, el parque madrileño tiene congelado esperma del panda por si algún día deciden crear animales de laboratorio para nutrir las tristes celdas de las que disponen.

El mono Paco llegó en barco conjuntamente con Coco, ambos provenientes de África, y tras un período en Redondela, el destino final fue el parque zoológico de Vigo. La muerte de Coco afectó mucho a Paco, que comenzó a tener comportamientos propios de quien se queda solo en cautividad. La solución que encontraron en el parque, en consenso con el gobierno de Vigo, fue la de buscarle novia a Paco. Este pequeño mono murió en 1991 tras una perforación de estómago provocada por un imperdible que alguien había colocado en su comida.

Este post no habla sobre el futuro de los zoos, pues para nosotros está claro: ningún animal debe estar en cautividad, y mucho menos para ser expuesto para diversión y entretenimiento del pueblo. Este post habla sobre la facilidad del ser humano para someter al resto de animales, a veces bajo la supuesta conservación de especies, a veces más explícitamente sinceros al realizar espectáculos en circos, fiestas populares y cosas por el estilo. ¿Hasta cuándo?

Cuando murió Copito, el personal del parque se mostró consternado por lo sucedido. Cuando murió el mono Paco, sucedió lo mismo. Tras esta última muerte, la de Flavia, se rasgan las vestiduras como muestra de duelo por el fallecimiento de una elefanta que ellos mismos han dejado morir en la más absoluta soledad.

Estos falsos duelos están llenos de hipocresía, una de las palabras más feas del diccionario, y cuya “H” es muda, al igual que mudas están las instituciones y organismos públicos cuando toca debatir sobre estas cosas.

Barcelona cuenta con el dudoso honor de tener otro animal en la lista de los animales favoritos de las ciudadanas y ciudadanos del mundo: la orca Ulisses, que se pasó horas y horas saltando a petición de sus adiestradores bajo la atenta mirada y los sonoros aplausos del público asistente. En 1994 fue trasladada al Sea World de San Diego, pues el delfinario de Barcelona se le quedaba pequeño (literalmente). De momento, sigue viva, aunque ya jubilada de sus espectáculos.

Suponemos que poco sabremos de ella, hasta que un día llegue el triste comunicado de su defunción y el consecuente desconsuelo de todas aquellas personas que, a lo largo de su vida, la han ido matando de una manera indigna.

Comenzábamos este post hablando de imaginar. Cierra por un momento los ojos e imagina un mundo sin parques zoológicos, sin circos con animales, sin cautividades. ¿Te lo imaginas? Si los animales fuesen creyentes, sería como un paraíso animal en contraposición al dantesco infierno que les toca vivir a causa del mayor depredador de este planeta.

Hasta siempre Flavia, hasta siempre Copito, hasta siempre Chu-Lin, hasta siempre mono Paco. Suerte Ulisses.