Aprovechando la semana en la que se celebra la festividad del libro, hemos querido tratar el tema de aquellas escritoras y escritores que, a lo largo de la Historia, han llevado un estilo de vida orientado hacia el bienestar animal y, en algunos casos, siendo incluso activistas en favor de éstos.

Considerando el pequeño porcentaje de la población que representa el mundo vegano y/o vegetariano, es curioso que varias de las personas que han ganado el premio Nobel de Literatura hayan evitado el consumo de animales a lo largo de su vida. ¿Está de alguna manera relacionada la empatía con la creatividad? No tenemos argumentos para contestar a esta pregunta, pero no deja de sorprendernos este dato. No todas las personas mencionadas en este artículo recibieron este reconocimiento, pero sí que han sido referentes dentro del mundo literario.

Queremos comenzar este pequeño paseo por la historia de la literatura con George Bernard Shaw, quien pronunció una de las frases que se ha convertido en leitmotiv de nuestra manera de entender el mundo: “los animales son mis amigos, y yo no me como a mis amigos”. El escritor irlandés, premio Nobel de Literatura en 1925, fue pionero en luchar contra los deportes con animales, las disecciones o la caza.

Mary Shelley, creadora del famoso monstruo de Frankenstein, tampoco se alimentaba de animales, y en cierta ocasión llegó a decir que “yo no destruyo el cordero para saciar mi apetito, los frutos y las frutas me dan suficiente nutrición”. Su filosofía quedó impregnada en su creación más famosa, pues trasladó su vegetarianismo al personaje del monstruo del Doctor Frankenstein.

Si fijamos nuestra mirada más hacia el Este, nos encontramos con otra figura emblemática dentro del mundo literario, quien sin embargo nunca llegó a recibir el máximo reconocimiento literario. León Tolstoi fue otra de las personas que adoptó un estilo de vida libre de animales llevado por una motivación ética. Tras escribir un artículo titulado ”El primer paso”, considerado como una de las joyas del movimiento animalista, llegó a afirmar que “la humanidad no puede vivir sin provocar la muerte de otros seres. Pero podemos actuar con un cierto grado de compasión. Cuanta más compasión mostramos hacia los animales, mejor será para nuestras almas”. Realmente nos entristece pensar que la humanidad no pueda vivir sin provocar la muerte de otros seres, y queremos creer que, algún día, podamos decir que Tolstoi, el genio, se equivocó, pero tampoco queremos dejarnos llevar por utopías.

Una de las mentes literarias más brillantes del pasado siglo fue Franz Kafka. Inició un estilo de vida libre de alimentos animales por motivos de salud, pero con el tiempo su visión y motivación viró hacia una empatía hacia los animales no humanos. Precisamente por este hecho, muchos de sus textos están escritos desde el punto de vista de un animal. Su activismo fue creciendo, y en un momento determinado de su vida, llegó a un acuerdo con su hermana que consistía en que, si los médicos le obligaban a volver a comer carne, ella dejaría de hacerlo para compensar la huella dejada por él. Esto no llegó a ocurrir. Sin embargo, tras la muerte de Franz, su hermana extendió su promesa y dejó de consumir animales hasta su propia muerte, que tuvo lugar en un campo de concentración de la Alemania nazi. Triste y metafórico final, morir en un campo de exterminio, de igual modo que aquellos seres indefensos a los que había decidido proteger con su estilo de vida.

Bien diferente, por el final, fue el caso de Louisa May Alcott, mundialmente famosa por su obra “Mujercitas”. Louisa no se alimentaba de animales ni los utilizaba para trabajar el campo, pero en su caso no fue por una decisión propia, sino por la imposición de su padre, quien creó una comunidad estrictamente vegetariana y donde el campo debía ser arado y trabajado por las personas y no por los animales. Una vez finalizado aquel experimento, continuó durante años sin alimentarse de animales, aunque finalmente su voluntad se quebró y volvió a vivir de una manera omnívora. El ejemplo de esta gran autora nos avisa de que no siempre es fácil, y de que en ocasiones este gran movimiento sufre bajas.

Otro de los autores que fue galardonado con el premio Nobel fue Isaac Singer. Defensor concienzudo de los animales, pronunció una genial frase: “no me hice vegetariano por mi salud, sino por la salud de las gallinas”. Un claro ejemplo de la empatía propia de quien decide prescindir del uso y abuso de los animales y alzar su voz para defenderlos como es debido. Un pequeño escrito de este gran autor muestra claramente su filosofía: “Cuando un humano mata un animal, está descuidando su propia hambre de justicia. ¿Por qué el hombre debe esperar la misericordia de Dios? Es injusto esperar algo que usted no está dispuesto a dar. Es incoherente. Nunca podré aceptar la incoherencia o la injusticia, incluso si se trata de Dios”.

Con los años, el término veganismo se ha ido popularizando y definiendo, y gracias a ello hoy día podemos disfrutar de libros de autoras y autores que, no solamente llevan un estilo de vida vegano, sino que además se atreven a escribir sobre ello. En los últimos años hemos visto un crecimiento importante en este tipo de publicaciones. Libros como “Más vegetales, menos animales” de Julio Basulto y Juanjo Cáceres, “Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas”, de Melanie Joy, “El vegano novato” de Cristina Sebastián o “Vive vegano”, de Jenny Rodríguez, nos aportan un soplo de aire fresco y nos ayudan en nuestra vida vegana. Y, sin duda, uno de los referentes que sirve de manual de referencia en nuestro día a día es el libro “Guía para el vegano (im)perfecto”, de Marta Martínez, con quien hemos tenido la oportunidad de charlar durante la firma de su libro que tuvo lugar en CUCO. No os perdáis la entrevista que publicaremos la próxima semana con reflexiones muy interesantes por parte de esta gran autora y referente dentro del movimiento vegano.

Y no lo olvidéis, hay que alimentar el cuerpo, el alma y la mente. Mens sana in corpore vegano.

¡Hasta pronto!