En muchas ocasiones nos preguntan por el cuero vegano: los materiales de los que se compone, la manera en que se fabrica, etc.

Sabemos que los artículos fabricados con piel provienen de un animal. Es más, generalmente, los productos que contienen esta materia prima están casi siempre etiquetados con un sello que casi todos tendremos en la memoria. Como en cualquier cosa que se fabrique, siempre habrá diferentes calidades. En el caso de la piel de vaca, por ejemplo, no es lo mismo utilizar la parte que está más cerca de la superficie, que aquella que se encuentra a varios milímetros o centímetros de la misma. En función de la parte utilizada, la piel ofrece un mejor o peor comportamiento y esto repercute, indudablemente, en la durabilidad del producto.

Europa establece que los productos fabricados con piel deben indicar el animal del que proviene, siendo lo más común encontrar piel de vaca o cabra. Esta normativa, sin embargo, no se aplica en todas las regiones del mundo, y es frecuente encontrar complementos de moda fabricados con piel de perro o gato, y que acostumbran a provenir de países asiáticos, y donde no se suele indicar el animal del que se ha obtenido la materia prima. Como siempre, hay personas que pueden ver como una aberración la utilización de un perro para fabricar un bolso y ver como normal usar la piel de una vaca, y es únicamente una cuestión de perspectiva y de la jerarquía que el ser humano establece en relación a los animales con los que convive. O, lo que es lo mismo, es un mero tema cultural.

La única cosa que está clara, en este sentido, es que la piel de un animal proviene de uno que ha muerto (salvo en el caso de la lana de las ovejas y su correspondiente explotación, que no es piel, y en este artículo tratamos el cuero).

En el caso de los materiales utilizados para los productos veganos, la definición no es tan sencilla, pues no está regulado qué se entiende por cuero vegano y qué no. A priori, se podría considerar como cuero vegano todo aquello que tenga aspecto de cuero y en cuya producción no se haya utilizado ningún componente de origen animal. Esa sería, probablemente, una definición más o menos acertada.

Sin embargo, pese a ser técnicamente correcta, se nos queda corta. En los últimos años han aparecido nuevos materiales con los que confeccionar complementos y cuya apariencia y durabilidad nada tienen que envidiar a la piel de origen animal.

Hasta hace pocos años, e incluso a fecha de hoy, en muchas ocasiones se asocia el cuero vegano a la polipiel o a plásticos de calidad bastante pobre. Hay que tener en cuenta que, de momento, no estamos hablando de lo contaminante del proceso productivo, sino que únicamente nos estamos centrando en la composición de los materiales.

Efectivamente, la polipiel o el polivinilo podrían considerarse casi siempre veganos, aunque no siempre es así, pues en los diferentes aditivos aplicados, o incluso en las tintas, podemos encontrar componentes de origen animal. Por ello, es importante recordar que para que un producto pueda considerarse vegano no debe contener ningún componente que proceda de un animal, y eso afecta a cualquier de los materiales que se utilicen, evidentemente.

A lo largo de los últimos años se ha ido perfeccionando otro de los materiales más utilizados para la confección del cuero vegano: el poliuretano. Pero, ¿qué es realmente el poliuretano? Es un material formado por polioles, diisocianatos y dioles. Dicho así, parece bastante complicado, aunque en realidad no lo es. Explicado de una manera más sencilla, principalmente son compuestos de base hidrógeno, oxígeno o carbono que reaccionan con una serie de alcoholes y solventes para convertirse en un material apto para la producción de calzado, marroquinería, tapicería…

¿Recuerdas cuando hablábamos antes de las diferentes calidades de la piel animal? Pues en este caso nos encontramos con una situación parecida, que es la que diferencia principalmente a los compuestos de poliuretano de los compuestos de polivinilo o PVC. Además, esta diferencia de calidad es relativamente sencilla de medir, y existen unos tests que se utilizan a nivel internacional para analizar la resistencia y durabilidad de estos materiales. Generalmente, el más importante y útil es el que se conoce como test de abrasión, que, explicado de modo sencillo, mide el número de veces que se puede rozar un material hasta que comience a desgastarse. La diferencia entre los poliuretanos y los polivinilos y polipieles es bastante grande. Pero, desde un punto de vista técnico, ¿siempre sale perdiendo el PVC? No. El PVC presenta un mejor comportamiento ante el fuego, aunque entendemos que la resistencia al mismo no va a hacer que nos decantemos por un bolso o por otro. Otros valores que se analizan son la resistencia al desgarro o el número de horas que puede estar expuesto al sol sin perder color.

En este punto sí que vamos a hablar del proceso de producción de los materiales, pues una vez que hemos visto algunos aspectos básicos de las principales materias primas utilizadas para fabricar cuero vegano, es el momento de analizar su sostenibilidad.

Hay gente que opina que la producción de piel animal es más limpia, y hay gente que opina que es al revés. Aquí ya no hablamos de la ética de un material o de otro, sino de lo contaminante que resulta su fabricación. Para nosotros, como en muchas ocasiones, depende de cómo se haga.

El proceso de curtido de pieles es complejo, y la cantidad de agua, energía y compuestos utilizados durante su producción determina su nivel de contaminación. Curtir una piel puede durar días, semanas, e incluso años. Del mismo modo, los productos químicos utilizados para evitar la putrefacción de la materia pueden tener orígenes más o menos químicos que afecten a los residuos generados.

En el caso del cuero vegano, nos encontramos ante una situación relativamente similar. Evidentemente se prescinde del curtido, pues no nos encontramos con un organismo vivo que haya que tratar, pero, a cambio, hay que utilizar una serie de compuestos para crear esa piel, y ahí es donde está la diferencia entre un proceso bien hecho y otro mal hecho.

Seguramente has oído hablar de metales pesados, ftalatos, y otras cosas que a lo mejor no se entiende bien qué tienen que ver con el proceso de fabricación de una mochila, por ejemplo. La realidad es que estos aspectos son muy importantes, y ahora vamos a ver el porqué.

El material formado a partir de las reacciones químicas que comentábamos anteriormente tiende a convertirse en un material rígido, por lo que se aplican diferentes aditivos para que se transformen en materia manejable y flexible. Con el paso de los años, se observó que algunos de esos compuestos podían llegar a ser cancerígenos, y la Unión Europea, en 2006, decidió crear el reglamento REACH (Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias Químicas, por sus siglas en inglés), donde se limitaba la cantidad de estos materiales que podían utilizarse durante los procesos de producción llevados a cabo en Europa, y que es aplicable también a la mayoría de las importaciones de países no pertenecientes a la Unión Europea.

Evidentemente, esta iniciativa nos parece estupenda, pero también se queda corta. No solo no prohíbe la utilización de según qué componentes (solo los limita), sino que únicamente contempla algunos de los ftalatos utilizados en estos procesos (aproximadamente una cuarta parte), por lo que aún queda mucho por hacer.

El objetivo, pues, debería ser el de utilizar únicamente alcoholes, solventes y aditivos que sean libres de ftalatos y de metales pesados. De esta forma, con una predominancia de componentes de origen mineral y vegetal se consigue un proceso de producción mucho más sostenible y ecológico, cosa que puede convertir este cuero, a su vez, en un material biodegradable y/o reciclable.Como ya hemos comentado varias veces, como siempre, depende de las ganas que se tengan de hacer las cosas bien o de hacerlas mal. Un poliuretano fabricado mediante un proceso poco ecológico puede ser vegano, pero no es sostenible. Por el contrario, si se utilizan materiales naturales y reciclados para su producción, se convierte en un material muy interesante desde el punto de vista de la durabilidad y del respeto por el medio ambiente.

Otra de las materias primas que cada vez está más presente en la moda vegana es la microfibra, cuya composición química sería más o menos similar a la del poliuretano y, al igual que éste, puede ser más ecológico o menos. Una microfibra tiene un espesor cien veces inferior al de un cabello humano, y generalmente su base es de poliéster, que no es precisamente un material muy apreciado desde un punto de vista ecologista. Sin embargo, se pueden conseguir microfibras ecológicas, fabricadas principalmente con poliéster reciclado mezclado con algodón orgánico, que otorgan un tacto muy suave al material y a su vez son respetuosas con el medio ambiente. Uno de los principales argumentos utilizados en contra del poliéster, reciclado o no, es la pérdida de pequeñas fibras en cada lavado, que terminan contaminando nuestros mares. En el caso de los complementos de moda, al no someterse al proceso de lavado en lavadora, no hay riesgo de esta pérdida de microfibras.

Y, también como ya nos hemos referido, en los últimos años han ido apareciendo nuevas alternativas que nos muestran un futuro prometedor. Las que más revuelo han causado son aquellas que están fabricadas a partir de fibras de piña o de eucalipto, pues son materiales naturales con los que se puede conseguir una textura similar a la de la piel animal, y que están producidos con partes desechables de sus respectivos materiales. Sus procesos de producción son, además, bastante limpios, y se puede llegar a utilizar hasta veinte veces menos de agua y de energía que para la producción de piel de origen animal. Cuando se utilizan, además, fibras procedentes de plantaciones controladas, el impacto medioambiental es casi mínimo.

Y, como de imaginación los veganos van sobrados por necesidad, ya están empezando a trabajarse materiales basados en hongos, piel de naranja o de manzana, con una textura y aspecto muy parecidos al del cuero animal. Solo falta que se normalice este tipo de material para que aumente la oferta, o que aumente la oferta para que se normalice, como prefieras verlo.

Por suerte, existen otros muchos materiales que no imitan el cuero pero que también son veganos y pueden utilizarse para la fabricación de complementos de moda, como podrían ser el papel o el corcho.

Esperamos haberte dado alguna información que te pueda ser de utilidad, o al menos aclarar qué es el cuero vegano y cuáles son los materiales habituales para su fabricación, así como durante su proceso de producción.

Nuestro objetivo, siempre el mismo: material vegano, sostenible y ético.

¡Hasta la próxima!