Hoy queremos explicaros una historia diferente a otras a las que tal vez estamos acostumbrados. Esta historia no es una de aquellas que comienzan con un “érase una vez”, porque ha ocurrido hoy mismo.

Un hombre ha venido esta mañana a CUCO y nos ha contado lo que le había sucedido. Este señor tiene por nombre, digamos, Scratch. No revelamos su verdadera identidad para proteger su privacidad, por un lado, y para que no nos acusen de plagio, por otro.

La historia que nos ha explicado comienza unos días atrás, la víspera de Navidad. Scratch había sido propietario, durante muchos años, de una charcutería en el centro de una gran ciudad. Allí se vendían los mejores embutidos de la región, y mucha gente venía de los pueblos y ciudades cercanos solo para comprar en la charcutería de Scratch, de forma que había acumulado una fortuna después de tantos años.

Su sobrina Estela, vegana, había intentado en varias ocasiones hacerle ver que, si la población humana seguía actuando como lo hacía, el planeta terminaría arrasado por la mala gestión de muchas personas, con miles de especies de animales extintas y con un panorama desolador. Ese mismo día, la víspera de Navidad, fue a invitar a su tío a la cena que iba a preparar en casa para celebrar la Nochebuena, pero éste se negó a aceptar la invitación.

Unas pocas horas antes de cerrar, por la charcutería de Scratch habían pasado dos voluntarios de una ONG solicitando un donativo para comprar mantas a los perros y gatos de una protectora animal, pues hacía frío y los animalitos lo pasaban mal en esta época tan fría del año. No tardó ni cinco segundos en echarlos de allí de muy malas maneras, al tiempo que daba una patada al perrito que les acompañaba, gritando en voz alta que si acaso no era la mejor opción que los perros estuviesen allí encerrados y de ese modo no le robaban las salchichas que exponía en la puerta de su local.

Una vez en casa, y tras haber cenado en Nochebuena sin más compañía que la de su televisor, Scratch había soñado con un antiguo socio suyo, muerto años atrás. Éste aparece con una pesada cadena atada a su tobillo, y le explica que, debido al tipo de vida que llevó, está condenado a vagar eternamente con esa carga tan pesada, y al mismo tiempo le advierte que, de continuar Scratch con su forma de vivir, el castigo que le espera es aún peor. Antes de desaparecer, le anuncia que durante la noche recibirá tres importantes visitas. Scratch, lejos de asustarse, se muestra desafiante.

Cuando, tras su pesadilla, consigue reconciliar el sueño, recibe la primera visita de las anunciadas. Se trata de un fantasma, concretamente el Fantasma de las Navidades Pasadas. Éste lo coge de la mano y lo acompaña en un viaje por el tiempo hasta la infancia de Scratch. En aquella época era feliz, jugaba con los perros que se encontraba por la calle, iba al zoo porque le gustaba verlos sin cuestionarse si era ético o no tenerlos allí, y las navidades eran un momento donde toda la familia se juntaba y lo pasaba bien. En esa época nunca había oído hablar de la extinción de especies, ni de la experimentación animal, ni mucho menos había pensado que el ser humano, actuando como actuaba, pudiese poner en peligro el planeta. Simplemente vivía siendo feliz.

Una vez en casa, y sin salir de su asombro, recibió la segunda visita anunciada. Se trataba, en este caso, del Fantasma de las Navidades Presentes. El aspecto de este fantasma era ligeramente más sombrío que el del anterior, y la primera parada del viaje fue en casa de su sobrina Estela, donde pudo ver que celebraban todos juntos la Navidad con un menú a base de exquisiteces libres de ingredientes de origen animal. Pese a la airada respuesta de Scratch a su sobrina esa misma mañana, ella solo tenía palabras de cariño hacia él cuando hablaba con el resto de comensales. Scratch notó que algo se removía en su interior. El fantasma lo cogió nuevamente de la mano y lo llevó a la protectora con la que colaboraban los dos voluntarios que le habían pedido un donativo poco antes de cerrar. Allí pudo ver cómo los animalitos se acercaban mucho unos a otros para darse un poco de calor, pues pasaban frío. Incluso pudo ver cómo alguno de ellos casi no podía caminar por la humedad que había en ese espantoso lugar.

-¿Cómo puede ser esto? Estos animales lo están pasando muy mal- le preguntó Scratch al fantasma.

-¿Acaso no están mejor aquí, y de ese modo no te quitan las salchichas cuando tienen hambre?- fue la respuesta del fantasma.

La cara de Scracth se descompuso, y en el viaje de regreso a casa comenzó a sentir lástima por esos pobres animales.

Desolado y exhausto, el anciano se dispuso a dormir nuevamente, cuando el tercer fantasma se le apareció. El Fantasma de las Navidades Futuras era aterrador, completamente vestido con una túnica negra con capucha, y exhalaba frío por todos sus poros. En el más absoluto de los silencios, agarró con fuerza su mano y lo llevó a un futuro cercano. El primer sitio que visitó no lo reconoció, pues había cambiado mucho. Era la protectora de animales, ya abandonada, llena de jaulas oxidadas. Preguntó al fantasma lo que había sucedido, y le dijo que habían tenido que cerrar por falta de recursos. Cuando preguntó por los animales que allí había, escuchar que ninguno había sobrevivido hizo que Scratch se quedase petrificado. Cuando salió de allí, vio que su carnicería estaba cerrada. Preguntó al fantasma cuál era el motivo, y le dijo que muchas especies habían desaparecido, bien por la caza indiscriminada, bien por ser fuente de alimento, o simplemente porque sus pieles eran cotizadas en el mundo de la moda. Debido al egoísmo del ser humano, gran parte del planeta estaba deforestado, pues más del 70% de la agricultura había ido destinada a alimentar al ganado que después se utilizaba en la alimentación y la moda.

Justo en el mismo instante en que Scratch cerró los ojos para llorar tras asimilar todo lo que había presenciado, se despertó en su cama, y al mirar su reloj vio que era el día de Navidad, que todo había sido un sueño, y ese fue el momento en que algo en su vida cambió. Se sintió de repente más jovial, con más energía, y con muchas ganas de cambiar cosas. Lo primero que hizo al salir a la calle fue ir a la protectora. Allí vio que los voluntarios pasaban el tiempo mimando a los perros y los gatos, y los animales parecían felices pese a no tener un hogar. Él mismo les llevó muchas mantas, sacos de pienso, y adoptó a cuatro felices animales que pasarían a tener un hogar digno. Además de ello, hizo una importante donación económica y les dijo que nunca cerrarían por falta de recursos, y que solamente se verían obligados a cerrar cuando todos los animales tuvieran un hogar.

Lleno de felicidad, se dirigió a su charcutería a poner en la puerta el cartel de “cierre de negocio” que había impreso en casa antes de salir, y se dirigió a casa de su sobrina a celebrar el día de Navidad con la conciencia tranquila y el espíritu limpio. Estela lo recibió con los brazos abiertos y pudo ver en su mirada que su tío era una persona nueva.

Y hoy, Scratch ha venido a CUCO a contarnos su historia, y la hemos escuchado como si estuviéramos sentados frente a una chimenea, con la mirada de unos niños que todavía creen que otro mundo posible es mejor.

Y queremos brindar en estas fiestas por Scratch y por todas las personas que ya habéis hecho ese cambio. A los que no, os invitamos a reflexionar sobre ello. Hoy en día, pocas cosas se pueden garantizar. Pero los que pensamos que hay que defender un mundo mejor para los animales no humanos, os podemos garantizar que mirar a los ojos de un animal sabiendo que estás en paz contigo y con él, no tiene precio.

Hemos vivido las Navidades Pasadas, estamos viviendo las Navidades Presentes y queremos vivir en unas Navidades Futuras felices para todos los seres de este planeta y alejadas de fantasmas.

El equipo de CUCO Vegan Fashion os desea unas felices fiestas y un próspero, exitoso y vegano 2019.