Samaniego (1745-1801) fue un escritor inspirado en el humanismo que anduvo por estas tierras y su obra estuvo caracterizada por la escritura de breves textos con moraleja incluida, es decir, lo que llamamos fábulas. Una cita suya decía “Que en estos versos trato de daros un asunto que instruya deleitando”.

Hoy en CUCO nos gustaría compartir con vosotros una fábula suya en forma de poema, de la que podemos sacar varias conclusiones. Y viene a decir algo así…

 

Iba un lobo muy flaco y hambriento.

Encontró con un perro tan relleno,

tan lucido, sano y bueno,

que le dijo: “Yo extraño

que estés de tan buen año

como se deja ver por tu semblante,

cuando a mí, más pujante,

más osado y sagaz, mi triste suerte

me tiene hecho retrato de la muerte”.

 

El perro respondió: “Sin duda alguna

lograrás, si tú quieres, mi fortuna.

Deja el bosque y el prado;

retírate a poblado;

servirás de portero

a un rico caballero,

sin otro afán ni más ocupaciones

que defender la casa de ladrones”.

 

“Acepto desde luego tu partido,

que para mucho más estoy curtido.

Así me libraré de la fatiga,

a que el hambre me obliga

de andar por montes sendereando peñas,

trepando riscos y rompiendo breñas,

sufriendo de los tiempos los rigores,

lluvias nieves, escarchas y calores”.

 

A paso diligente,

marchando juntos amigablemente,

varios puntos tratando en confianza,

pertenecientes a llenar la panza.

En esto el lobo, por algún recelo,

que comenzó a turbarle su consuelo,

mirando al perro, le dijo: “He reparado

que tienes el pescuezo algo pelado.

Dime: ¿Qué es eso? “Nada”.

“Dímelo, por tu vida, camarada”.

 

“No es más que la señal de la cadena;

pero no me da pena,

pues aunque por inquieto

a ella estoy sujeto,

me sueltan cuando comen mis señores,

recíbanme a sus pies con mil amores:

ya me tiran el pan, ya la tajada,

y todo aquello que les desagrada;

éste lo mal asado,

aquél un hueso poco descarnado;

y aún un glotón, que todo se lo traga,

a lo menos me halaga,

pasándome la mano por el lomo;

yo meneo la cola, callo y como”.

 

“Todo eso es bueno, yo te lo confieso;

Pero por fin y postre tú estás preso:

jamás sales de casa,

ni puedes ver lo que en el pueblo pasa”.

“Es así”. “Pues, amigo,

la amada libertad que yo consigo

no he de trocarla de manera alguna

por tu abundante y próspera fortuna.

Marcha, marcha a vivir encarcelado;

no serás envidiado

de quien pasea el campo libremente,

aunque tú comas tan glotonamente

pan, tajadas, y huesos; porque al cabo,

no hay bocado en sazón para un esclavo”.

 

En CUCO partimos de la base de que todas las especies deben vivir en libertad, y no creemos en los argumentos que algunas personas se empeñan en dar de que la única manera de perpetuar algunas especies es a través de los zoológicos, la cría de toros para su tortura, o estereotipos que discurren por el mismo sendero. Y, aunque así fuera, ¿el precio que tiene que pagar un animal para seguir viviendo es morir? ¿O vivir encerrado? El argumento, por paradójico, se rebate por sí mismo.

Por otro lado, las protectoras y refugios de animales existen porque el ser humano es irresponsable, porque ve un animal como un mero entretenimiento hasta que llega otro divertimento más interesante, y los animales son abandonados.

Entonces, ¿podemos tener animales no humanos conviviendo en nuestras casas? Como siempre, lo dejamos en manos de la conciencia de cada persona. Pero, bajo nuestro punto de vista, no pueden ser considerados como mascotas o animales de compañía. Son nuestra familia y por ello deben gozar de los mismos privilegios que nosotras y nosotros nos permitimos. Tener a un perro atado no es mejor que tener a un pájaro enjaulado o que a un pez en una pecera o un acuario.

No podemos pensar que somos mejores personas por el hecho de tener un animal en casa y darle comida. Tal vez esta actitud sirva para tranquilizar algunas conciencias, pero mal consuelo es aquel que únicamente satisface a una de las partes.

El animal debe ser libre. Pero si decidimos rescatarlo de una protectora es para darle una vida mejor que la que le dio quien lo abandonó, debemos estar a la altura y ser consecuentes con nuestra decisión. Hemos de ser responsables.

Y esta fábula, en realidad, es aplicable a muchos aspectos de nuestra vida diaria. No vivamos encadenados ante una apariencia de falsa libertad. Somos libres, y debemos luchar por nuestros sueños, aunque eso suponga, en ocasiones, pasar algo de hambre. Como dice la famosa cita, mírate en un espejo metafórico y piensa si eres lo que quieres ser. Si durante varios días la respuesta es no, es que no estás actuando según tu conciencia y debes cambiar algo. Así que, si quieres algo mejor, actúa, pues nadie lo hará por ti.

Esperamos que os haya gustado esta fábula, y que nos sirva para reflexionar sobre cómo cuidamos a aquellos compañeros de viaje que vamos encontrando por nuestro camino, sean humanos o no.