Gandhi, que llevaba una vida basada en la no violencia activa y no se alimentaba de animales, una vez dijo que primero te ignoran, luego se ríen de ti, después luchan contra ti, y luego ganas.

Hoy queremos hablaros de la orquesta sinfónica del veganismo. ¿Quién forma parte de esta orquesta? Todas las personas veganas repartidas a lo ancho y largo del terreno que conforma nuestro planeta, el único que tenemos. Eso significa que tú, que estás leyendo esto, formas parte de esta gran orquesta.

Nos gustaría establecer un paralelismo entre las diferentes etapas marcadas por Gandhi y el viaje que, juntos, estamos haciendo en este mundo vegano.

Hace unos pocos años, el veganismo apenas era conocido en el mundo. A fecha de hoy, todavía muchas personas siguen sin tener claro lo que significa ser una persona vegana. Pero, como decíamos, hace unos años era todavía más difícil encajar dentro de un estilo de vida marcado por el consumo, uso y abuso de animales no humanos en beneficio de los humanos. En ese momento eran pocas las personas que habían decidido iniciar un canto, a capela, en favor de un estilo de vida libre de crueldad hacia los animales. Apenas se oía su voz, aparentemente descoordinada, entre tanto ruido producido por mataderos, zoológicos, circos, etc. La industria cárnica, que sí que estaba coordinada y poseía un director de orquesta, formado por lobbies de presión y grandes empresas, ignoraba a aquellas personas que entendían el mundo de un modo diferente a como lo hacía ella.

Con el tiempo, y gracias al esfuerzo de aquellos que continuaban cantando, se sumaron a la orquesta los instrumentos de cuerda, que eran personas que habían comprendido el mensaje que les estaba llegando y comenzaron a actuar en consecuencia, uniéndose a los vocalistas en una improvisada pero trabajada partitura que carecía de director, pues todas las personas implicadas eran al tiempo compositoras, directoras e intérpretes. Como, al haberse sumado instrumentos musicales, el ruido comenzaba a hacerse notar, la industria cárnica se reía de las personas veganas, a quienes consideraban una minoría antisistema y que formaban parte de una moda temporal y a quien no solo no había que tener en cuenta, sino que había que mofarse de su forma de vivir.

Las semanas fueron pasando, y con ellas los meses, y después los años, y en un momento determinado comenzaron a sonar instrumentos de viento en la orquesta sinfónica vegana. Ya no eran unos pocos los que defendían los derechos de los animales. Es más, incluso existían ferias dedicadas en exclusiva a esta forma de vivir respetando la vida y derechos de todos los seres vivos que convivimos en el planeta. Y, la industria cárnica, cuando dejó un momento de hablar para escuchar lo que estaba sonando, se dio cuenta de que las voces que habían iniciado el canto se habían multiplicado exponencialmente, y de que aquella melodía comenzaba a sonar con cierto volumen y con unas notas que surgían del trabajo llevado a cabo por tantas personas. Y entonces les entró el miedo y decidieron luchar.

El comité de Agricultura del Parlamento Europeo, a instancias de los lobbies cárnicos, ha votado a favor de prohibir que se puedan denominar como hamburguesa, filete, salchicha, escalope y burger productos que no provengan de animales. Esto implica que no se podrán comercializar hamburguesas vegetales, o salchichas de proteína de soja, pues estos términos quedarán reservados exclusivamente a los productos provenientes de la muerte de un animal. El mismo comité propone, por ejemplo, que las hasta ahora hamburguesas pasen a denominarse “discos vegetarianos”.

El eurodiputado francés Éric Andrieu, responsable de supervisar la legislación, se apresuró a explicar que esta decisión iba en beneficio de los consumidores, porque las personas necesitan saber lo que están comiendo, y considera esta decisión como una oportunidad para que las marcas vegetarianas exhiban su creatividad. Que no se preocupe el eurodiputado, porque si algo le sobra al mercado vegano es creatividad.

Evidentemente esta es una decisión europea donde no pueden intervenir organismos españoles, pero si cogemos el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en la quinta acepción del término "carne" encontramos “parte de un fruto o de un tubérculo, generalmente blanda, que está bajo la cáscara o la piel”. Tal vez haya que modificar también el diccionario para adecuarlo a los caprichos de quienes se ven amenazados por los valores que defendemos.

Esto no es nuevo, pues en 2017 ya se prohibió que las bebidas vegetales pudieran llamarse leche, y lo mismo sucedió con los yogures, pero eso no ha impedido que el consumo de estos productos siga creciendo a ritmos impensables hace un tiempo.

En realidad, lo interesante de este asunto no es el nombre que se le quiera dar al producto, aunque sea una censura absurda e impropia del siglo XXI, lo relevante es el hecho de que el sector cárnico ha entrado en la tercera etapa del proceso indicado por Gandhi: “después luchan contra ti”.

En contraposición a Gandhi, encontramos a Sun Tzu, quien escribió El arte de la guerra hace ya muchos siglos. Sun Tzu era un estratega militar chino, y en su obra describía las artes para afrontar las batallas, y está considerado el mejor libro de estrategia militar de todos los tiempos. Pese a que en CUCO defendemos y defenderemos siempre la postura de la no violencia activa, muchas son las lecciones que se pueden aprovechar de esta obra aplicadas a la vida actual, y de hecho es un manual de referencia utilizado en muchas escuelas de negocio.

La industria cárnica comienza a sentir la presión popular y es evidente que no se siente cómoda con el nuevo escenario que se aproxima. Sun Tzu decía que no se debe presionar a un enemigo desesperado, y que ante su inminente derrota hay que mostrarles una manera de salvar la vida para que no estén dispuestos a luchar hasta la muerte. La industria cárnica tiene ante sus ojos la salida: reconvertir su modelo de negocio a la creación de productos con base vegetal y dejar de exterminar a seres indefensos. En CUCO no nos termina de gustar que las empresas que matan animales con una mano ofrezcan hamburguesas vegetales con la otra (aún podemos usar este término, pues aún falta algún tiempo para que entre en vigor la ley una vez sea refrendada por la Unión Europea). Lo que queremos es que abandonen el sacrificio y la explotación de animales y pasen a formar parte del futuro que, sin duda, será vegano. Esa es su salida.

Evidentemente, estamos en los inicios de esta fase de lucha iniciada por la industria cárnica contra el veganismo, y somos conscientes de que se prolongará durante años. No es una batalla fácil, nunca lo ha sido, y nadie dijo que nos iban a tender un puente de plata. Pero, incluso siendo plenamente conscientes de que esto va para largo, nadie nos va a quitar el sueño y las ganas de seguir defendiendo a los animales. Es por ellos por los que la mayoría de las personas veganas iniciamos esta forma de vivir, y es por cumplir su sueño, y el nuestro, por lo que nos levantamos cada día para ser la mejor versión de nosotros mismos y dejarnos el alma en cada paso que damos. Tal vez seamos utópicos y soñadores, pero nadie nos podrá arrebatar nuestras ganas de perseguir ese anhelo.

Y ya conocemos cuál es la última fase de Gandhi: “y luego ganas”. Una vez que ya hemos superado que nos ignorasen, una vez que ya hemos superado que se rieran de nosotros, y ahora que ha llegado el momento de que luchen contra nosotros, ha llegado la hora de que se unan a la sinfónica vegana los tambores y la percusión, pues es el momento de la victoria. Si no aceptan la salida que el mercado les ofrece, la orquesta, ya madura y sobradamente autosuficiente, compondrá su obra maestra: “Réquiem por la industria cárnica”.

Como siempre, ni un paso atrás. Seguimos en la lucha.