Aunque acostumbramos a utilizar las manos para escribir, bien sabemos que lo disfrutamos de otro modo cuando lo hacemos, en lugar de con las manos, con el corazón, y en esta ocasión así lo hemos hecho. La historia de Rosa Louise McCauley, posteriormente Rosa Parks, nos ha conmovido e inspirado a partes iguales.

En 1865, tras la guerra civil de los Estados Unidos de América, se prohibió por ley la esclavitud en dicho país. Pocos años después, en 1870, se permitió el voto independientemente de la raza del votante.

Sin embargo, aquellas legislaciones para tratar de mitigar las diferencias entre el norte y el sur tuvieron relativamente poco impacto en la práctica. Bajo el lema “separados pero iguales”, se promovieron una serie de leyes que afectaban, y mucho, la vida diaria de las personas. Los edificios disponían de una entrada para las personas de raza blanca y otra para las de raza negra. Los servicios estaban, también, separados por el mismo motivo. Y las escuelas, las bibliotecas… hasta las fuentes para beber. En algunos parques, incluso, se podían encontrar carteles prohibiendo la entrada a negros y a perros.

En este contexto histórico nació, en 1913, Rosa Louise McCauley. Hija de una profesora y de un carpintero, cursó estudios en la escuela industrial para mujeres de Montgomery y se casó a los 20 años, adoptando el apellido de su marido, convirtiéndose en Rosa Parks.

Desde joven tuvo inquietudes por la lucha social y la segregación racial, y con 36 años se unió a la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP por sus siglas en inglés), y en ese momento inició su activismo.

Los abuelos de Rosa Parks habían sido esclavos, y ella misma vivía a diario con las dificultades derivadas de su condición racial. Como ella misma reconoció más adelante, su evolución ética hizo que prescindiera de animales en su alimentación, pues estos sufrían la misma explotación, sumisión y humillaciones que su raza había sufrido durante siglos.

Olvidada en su faceta de defensora de los animales, Rosa Parks fue reconocida por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del siglo XX.

Todo comenzó el primer día de diciembre de 1955, cuando Rosa, tras finalizar su jornada laboral como costurera, se subió al autobús que había de llevarla de vuelta a casa. En aquella época, las primeras filas de los autobuses estaban reservadas a los blancos, y la parte trasera de los mismos, a los negros. Un negro podía sentarse en un asiento reservado para blancos siempre y cuando un blanco no lo reclamase. Junto con otras tres personas de raza negra, ocuparon la quinta fila, reservada para personas de raza blanca.

En un momento determinado, un pasajero blanco subió al autobús, y pese a que no solicitó sentarse, el conductor se dirigió a los cuatro pasajeros sentados en la quinta fila para decirles que se levantasen. Tres de ellos lo hicieron. Rosa Parks no. Ante la amenaza del conductor, quien dijo que iba a llamar a la policía para que la arrestasen, su respuesta fue: “puede hacerlo”. Y así fue. Rosa Parks fue arrestada por no levantarse y ceder su asiento a un pasajero blanco, y ese momento cambió para siempre la historia de Estados Unidos.

Un grupo de activistas afroamericanos, liderados por un joven pastor de 26 años de la iglesia de Dexter Avenue, y llamado Martin Luther King, hizo un llamamiento a la población negra para no utilizar el autobús. Se organizaron para compartir coches, viajaron en bicicleta y a pie, pero dejaron de utilizar el autobús como protesta ante el arresto de Rosa y ante aquellas leyes que oprimían a la población negra.

Las autoridades no cedieron. Considerando que el 75% de los usuarios del autobús era de raza negra, el pulso solo podía terminar de una manera. 381 días después del inicio de la protesta, el Tribunal Supremo decidió que la discriminación producida en los autobuses violaba la constitución del país, por lo que, a partir de ese momento, se prohibió por ley la discriminación por motivos de raza en todos los transportes públicos, edificios y organismos de ámbito público, equiparando los derechos de todos los ciudadanos sin tener en cuenta el color de su piel.

Han pasado más de 60 años desde aquel suceso, y mucho se ha avanzado en la lucha por equiparar los derechos de los ciudadanos en muchas partes del mundo. Sin embargo, todavía estamos muy lejos de conseguir una igualdad en derechos y libertades entre todos los habitantes de este planeta. En relación al ser humano, todavía existen diferencias abismales en relación a los derechos de las personas en función de su raza, religión, procedencia, orientación sexual o género. En países que se autodenominan avanzados existen vulneraciones permanentes en este sentido, y un claro ejemplo de ello podemos encontrarlo en España, donde se defiende la laicidad pero en salas tribunales encontramos crucifijos, donde se supone que están garantizados los derechos de todas las personas por igual, pero tienes las cosas mucho más difíciles por el mero hecho de ser mujer o por ser de otra raza o país. Un país democrático que, a falta de un rey, tiene dos, lo que significa que el resto somos súbditas y súbditos en pleno siglo XXI. Un país donde la extrema derecha gana votos y el progreso se atasca en las instituciones y en parte de la población que no entiende que todas las personas somos iguales.

Si, en los autoproclamados países avanzados, somos incapaces de alcanzar cotas relevantes de justicia, de libertad, de igualdad, si todavía existe discriminación, ¿qué podemos esperar en relación a los derechos de los animales? Un país donde se considera que la tortura es cultura, donde se caza por diversión. Pero no solo sucede aquí. El planeta está lleno de injusticias sociales y animales.

Rosa Parks fue la voz de la raza negra en Estados Unidos. Protegió, del mismo modo, a los animales, con su estilo de vida.

Esta semana, coincidiendo con el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, queremos alzar la voz y reclamar, de una vez por todas, la igualdad de género, la igualdad de razas, la igualdad entre todas aquellas personas que alguien considera que son diferentes e inferiores por cualquier cosa sin sentido. Y reclamamos, también, los derechos y libertades que merecen todos los seres vivos del planeta que compartimos. Estas han sido nuestras peticiones en la larga noche de la humanidad. Estas son, hoy, nuestras exigencias.

Rosa Parks nos dejó en 2005 como consecuencia del Alzheimer. Queremos aprovechar la metáfora para pedir que su esfuerzo no caiga en el olvido. Que la fuerza y la voluntad de Rosa Parks nos llene de energía en esta lucha, que su luz nos ilumine por el camino que todavía queda por recorrer. Pero que nunca desfallezcamos en esta lucha. Como siempre, ni un paso atrás.