Seamos practicantes religiosos o no, creamos en un dios, en varios, o en ninguno, es un hecho que nuestro calendario gira entorno a la religión católica. En esta semana en la que nos encontramos se rememora la muerte y resurrección de Yeshua Ben Yosef, cuyo nombre evolucionó hasta llegar a convertirse en quien conocemos como Jesucristo.

Aprovechando estos días hemos querido reflexionar sobre cómo se entiende el veganismo dentro de las principales religiones, pues deseábamos entender este pensamiento y forma de vivir desde un punto de vista no solo espiritual, sino más bien ligado a un concepto divino.

De entre las religiones que a fecha de hoy se practican, probablemente la más antigua sea el hinduismo. Como norma general está prohibido comer carne, aunque se permite el consumo de productos lácteos y, en según qué casos, de huevos. Cuando hablamos desde un punto de vista general, conlleva que, desde uno específico, hay matices. Estos matices implican que en algunas regiones de la India, país de origen de esta religión, está permitido el consumo de carne animal. En Cachemira, por ejemplo, comen cordero, y en regiones más al Este como Orissa y Bengala se permite el consumo de pescado, pues está considerado como un “vegetal de mar”. Por el contrario, los brahmanes de la zona sur del subcontinente llevan un estilo de vida estrictamente vegetariano.

En relación al respeto por los animales, los practicantes del hinduismo podrían estar situados a la cabeza de una hipotética lista que midiese esto. Algunos animales, como las vacas, son considerados sagrados, y acabar con su vida está considerado como un asesinato.

La parte que nos resulta más interesante es la motivación vegetariana por parte de los practicantes de esta religión, que no es otra que el respeto por los animales desde un punto de vista espiritual. Para ellos, el miedo que sufre un animal antes de ser ejecutado queda reflejado en su carne, que a su vez se transmite a la persona que lo ingiere, perjudicando su Karma.

En esta religión, de igual modo que en otras religiones orientales, aparece el concepto de Ahimsa, proveniente del sánscrito, y que se basa en el principio de la no violencia y el respeto a la vida. Según las escrituras védicas, sagradas para los hindúes, “solo el asesino de animales es incapaz de saborear el mensaje de la verdad absoluta”.

Continuando con otra religión propia de la parte oriental del planeta nos acercamos al budismo. Como en todas las grandes religiones, también es complicado llegar a puntos de encuentro absoluto entre todas las facciones y corrientes que la conforman. Además, en las escuelas budistas se enseña a las personas a pensar, por lo que en muchos casos la ética religiosa se convierte en un aspecto más personal, quedando a juicio de la conciencia de cada individuo sus pautas de comportamiento. Sin embargo, esta religión enseña el respeto por todos los seres sensibles, y en todos sus templos y zonas sagradas está prohibido terminar con la vida de un animal. Podemos afirmar que la alimentación basada en vegetales es la más común, si bien encontramos algunas zonas donde se consume carne, pescado, o ambas cosas. Sin embargo, para un budista, la única manera de alcanzar la iluminación pasa por el respeto hacia todos los seres vivos. De igual manera que en los escritos védicos, el concepto de Karma budista explica que aquellos que causen violencia y sufrimiento a otros seres vivos experimentarán el mismo dolor en el futuro.

Antes de centrarnos en las grandes religiones monoteístas, queremos hablar acerca del jainismo. Existe un debate sobre si realmente es una religión o no, pues en realidad sus practicantes no creen en la existencia de ningún dios, requisito habitual para que un movimiento sea considerado religioso. El jainismo se practica principalmente en regiones concretas de la India, y su cumplimiento requiere una actitud estricta con el principio anteriormente comentado de Ahimsa, la no violencia. Los seguidores de este movimiento tienen absolutamente prohibido matar a cualquier animal, e incluso no cocinan de noche, pues los mosquitos se acercan a la luz y mueren quemados. Del mismo modo, algunos de sus practicantes filtran mediante una tela el agua que van a beber para no ingerir accidentalmente algún animalito. Tampoco pueden andar rápido, y acostumbran a utilizar un plumero antes de sentarse o pasar una escoba previamente a cada paso para apartar a cualquier ser vivo que se pueda interponer en su camino y pueda terminar aplastado.

Esta forma de entender la naturaleza implica que tampoco se alimentan de vegetales que deban ser arrancados de la tierra, como la zanahoria, pues les arrancan la vida, cosa que no ocurre con los frutos que caen de los árboles, por ejemplo.

Seguramente el jainismo es la religión (si lo es), más vegana que existe. Si bien defiende el máximo respeto hacia todos los seres sintientes, curiosamente, el jainista considera a la mujer como el origen de todo mal, de manera que se convierte en un contrasentido digno de tener en cuenta.

Llega el turno ahora de repasar las grandes religiones monoteístas y con un origen abrahámico común. Comenzando por el islam, no hay ningún precepto que invite a una vida libre del consumo de animales, e incluso existe una manera correcta, según esta fe, de terminar con la vida del animal que va a servir de alimento. Por el contrario, parece que su profeta, Mahoma, trató de orientar las costumbres de su pueblo hacia un estilo de vida vegetariano. A modo de ejemplo, Mahoma obligaba a lavarse la boca antes de orar a aquellos que se habían alimentado de animales. Para él, los animales no eran esclavos, sino criaturas que Alá les había encomendado y el respeto que se les ofreciese sería juzgado cuando llegase el juicio. Se dice que, en cierta ocasión, alguien le preguntó si habría una recompensa para aquellos que hubieran hecho el bien a los animales, y él contestó que la habría para aquella persona que hiciera el bien a cualquier ser vivo.

Considerando que, en el islamismo, la sangre no es apta para el consumo humano, el proceso de sacrificio es complicado, y mientras sucede, el ejecutor debe mirar al animal a los ojos hasta que su alma se vaya. Si no se hace correctamente, la carne del animal pasa a ser Haraam (prohibida), mientras que si se hace correctamente se considera Halal (permitida).

Algunas facciones sectarias islámicas como la sufí practican el vegetarianismo, ya que está considerado un ideal desde un punto de vista espiritual, pero el islamismo en general no defiende un estilo de vida vegetariano.

Lo mismo sucede con el judaísmo, pues la carne que comen quienes la practican no puede contener ni una gota de sangre, y debe estar considerada Kosher, el equivalente judaico del Halal islámico, no tanto en la forma como en el fondo.

Recordemos que el judaísmo se rige por los cinco primeros libros de la biblia, y en el Génesis, el primero de ellos, Jehová/Dios le dice al hombre que se alimentará de los frutos que dé la tierra, pero no dice que se alimentará de los animales. No es hasta la expulsión de Adán y Eva del Edén, y ya en época del diluvio, cuando Dios autoriza a comer animales, pero distinguiendo entre los que son puros (rumiantes con pezuñas bipartitas, por ejemplo) y los que no lo son (cerdo o aves rapaces, entre otros).

Las personas que siguen el judaísmo esperan la llegada de un mesías, momento en el cual el ser humano habrá alcanzado un estado de Edén, que consiste en el máximo respeto hacia todos los animales, igual que sucedía en el jardín del Edén. Por ello, muchos practicantes han adoptado el vegetarianismo como una fase de preparación para ese momento.

Si al judaísmo le sumamos el nuevo testamento llegamos al cristianismo. Tal y como hemos explicado anteriormente, las diferentes corrientes pueden no coincidir, de manera que la reflexión hecha para este artículo está centrada en la corriente católica. Si bien la parte anterior a Cristo quedaría explicada a través de la tradición judaica, con la llegada de Jesucristo se inicia una nueva etapa. Si ya de por sí es complejo encontrar fuentes históricas que puedan garantizar la figura de Jesús, todavía se hace más difícil hallar información acerca del estilo de vida que llevaba. Una de las teorías que más fuerza ha cobrado en las últimas décadas sería la que vinculaba a Cristo con la comunidad esenia, quienes se abstenían de consumir carne. Hay pocas referencias bíblicas en cuanto a la alimentación de Jesucristo, y las que hay son confusas.

Cuando se habla del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, pudiera ser que, según afirman algunos eruditos, inicialmente se hablase de la multiplicación de únicamente panes, y que fueron escribas griegos quienes posteriormente añadieron el pescado, y tal vez como un error de traducción de la palabra griega usada para pez, ictus, que en realidad sería una abreviatura de Jesucristo, hijo de Dios y Salvador (Iesous Christos Theou Uious Soter), y que además la misma palabra serviría para definir a las algas. Por otro lado, otras tesis afirman que, en realidad, en la última cena no se sirvió carne.

En cualquier caso, no hay ninguna evidencia histórica que apruebe o repruebe el estilo de vida y de alimentación del profeta judío sobre el que se fundó el cristianismo, y podemos afirmar, casi con total seguridad, que esta religión sería la que menos tendría en cuenta a los animales en sus textos sagrados, y recomendaría no comer carne los viernes (o todos los días, a ser posible) pertenecientes al periodo de cuaresma. Por lo demás, no parece haber ninguna mención específica en cuanto al uso de los animales.

Sin embargo, parece ser que las primeras comunidades cristianas practicaban el vegetarianismo, y los cátaros trataron de recuperar las primitivas tradiciones, pero fueron condenados por la iglesia, y una de las pruebas que utilizaban para saber si una persona era cátara era hacer que matase a un animal en público. Si no lo hacía, era cátaro y, por extensión, hereje. Tratar a un animal no humano igual que a un humano era ir en contra de la ley divina, por lo que era pecado. En la actualidad, no hay un pronunciamiento específico en este sentido.

Este artículo no juzga ninguna fe, ninguna creencia ni ninguna religión, pues defendemos el derecho de todas las personas a elegir libremente su credo, y como siempre apostamos por la libre conciencia de cada persona, y la no discriminación por cualquier motivo, ya sea religioso, racial, sexual, o de cualquier otra índole.

Las conclusiones a las que hemos llegado reflexionando sobre este tema es que, como norma general, los animales no humanos no tienen un lugar agradable dentro de las religiones, y en las que sí lo tienen es por el temor a una mala reencarnación, a un mal Karma, o formar parte de un juicio cuando llegue el momento, pero ninguna lo hace por un verdadero respeto hacia ellos, considerándolos tan dignos de querer preservar su vida como nosotros queremos preservar la nuestra.

Por otro lado, siempre que en algún texto sagrado se habla de los animales es exclusivamente para hacerlo en relación a la alimentación, pero muy lejos queda una aproximación a un estilo de vida vegano. Por ello, los dioses y profetas hablan, en algunos casos, de vegetarianismo, pero nunca de un estilo de vida vegano. Tal vez por ello, aparentemente, los animales no profesen ninguna religión…